Pasos para una buena confesión

Una guía sencilla para prepararse bien para el sacramento de la reconciliación.

Los 5 pasos

  1. Examen de conciencia.
  2. Dolor de los pecados y la contrición del corazón.
  3. Confesar todos los pecados.
  4. Propósito de enmienda.
  5. Cumplir la penitencia.

Examen de conciencia

1º mandamiento

¿He admitido en serio alguna duda contra las verdades de la fe? ¿He llegado a negar la fe o algunas de sus verdades, en mi pensamiento o delante de los demás? ¿He desesperado de mi salvación o he abusado de la confianza en Dios, presumiendo que no me abandonaría, para pecar con mayor tranquilidad? ¿He murmurado interna o externamente contra el Señor cuando me ha acaecido alguna desgracia? ¿He abandonado los medios que son por sí mismo absolutamente necesarios para la salvación? ¿He procurado alcanzar la debida formación religiosa? ¿He abandonado el trato con Dios en la oración o en los sacramentos? ¿Me he acercado indignamente a recibir algún sacramento?

2º mandamiento

¿He blasfemado? ¿Lo he hecho delante de otros? ¿He hecho algún voto, juramento o promesa y he dejado de cumplirlo por mi culpa? ¿He jurado sin verdad? ¿Lo he hecho sin necesidad, sin prudencia o por cosa de poca importancia?

3º mandamiento

¿He faltado a Misa los domingos o fiestas de guardar? ¿Ha sido culpa mía? ¿Me he distraído voluntariamente o he llegado tan tarde que no he cumplido con el precepto? ¿He impedido que oigan la Santa Misa los que dependen de mí? ¿He guardado el ayuno una hora antes del momento de comulgar? ¿He observado la abstinencia durante los viernes de Cuaresma? ¿He callado en la confesión, por vergüenza, algún pecado grave? ¿He comulgado después alguna vez?

4º mandamiento (Hijos)

¿He desobedecido a mis padres o superiores en cosas importantes? ¿Les he entristecido con mi conducta? ¿Les he amenazado o maltratado de palabra o de obra, o les he deseado algún mal grave o leve? ¿He dejado de ayudarles en sus necesidades espirituales o materiales?

(Padres)

¿He dado mal ejemplo a mis hijos no cumpliendo con mis deberes religiosos, familiares o profesionales? ¿Les he entristecido con mi conducta? ¿Les he corregido con firmeza en sus defectos o se los he dejado pasar por comodidad? ¿Les he amenazado o maltratado de palabra o de obra, o les he deseado algún mal grave o leve? ¿Sacrifico mis gustos, caprichos y diversiones para cumplir con mi deber de dedicación a la familia? ¿Hago lo posible por vencer la rutina en el cariño a mi esposo(a)? ¿Soy amable con los extraños y me falta esa amabilidad en la vida familiar?

5º mandamiento

¿Tengo enemistad, odio o rencor hacia alguien? ¿He dejado de hablarme con alguien y me niego a la reconciliación o no hago lo posible por conseguirla? ¿He deseado un mal grave al prójimo? ¿Me he alegrado de los males que le han ocurrido? ¿He despreciado a mi prójimo? ¿Me he burlado de otros o les he criticado, molestado o ridiculizado? ¿He practicado o colaborado en la realización de algún aborto? ¿He atentado contra mi vida? ¿Me he embriagado, bebido con exceso o tomado drogas? ¿He sido perezoso en el cumplimiento de mis deberes?

6º y 9º mandamientos

¿He consentido y me he recreado en recuerdos o pensamientos impuros? ¿Había alguna circunstancia que los agravase: parentesco, mismo sexo, matrimonio o consagración a Dios en las personas a quienes se dirigían? ¿He visto pornografía? ¿He pecado contra la virtud de la pureza a través de la masturbación o las relaciones sexuales fuera del matrimonio? (dentro del matrimonio) ¿He usado métodos anticonceptivos? ¿Soy generoso con la transmisión de la vida? ¿Respeto a mi esposo/a y le trato con delicadeza y afecto, no usándole sino sirviendo y amando?

7º y 10º mandamientos

¿He robado algún objeto o alguna cantidad de dinero? ¿He reparado o restituido pudiendo hacerlo? ¿Estoy dispuesto a realizarlo? ¿He cooperado con otros en algún robo o hurto? ¿Había alguna circunstancia que lo agravase, por ejemplo, que se tratase de un objeto sagrado? ¿He gastado más de lo que me permite mi posición? ¿He cumplido debidamente con mi trabajo, ganándome el sueldo que me corresponde? ¿He llevado con sentido cristiano la carencia de cosas superfluas, o incluso necesarias? ¿He pagado los impuestos que son de justicia?

8º mandamiento

¿He dicho mentiras? ¿He reparado el daño que haya podido seguirse? ¿Miento habitualmente porque es en cosas de poca importancia? ¿He descubierto, sin justa causa, defectos graves de otra persona, aunque sean ciertos, pero no conocidos? ¿He reparado de alguna manera, v. gr., hablando de modo positivo de esa persona? ¿He calumniado atribuyendo a los demás lo que no era verdadero? ¿He hecho juicios temerarios contra el prójimo? ¿He revelado secretos importantes de otros, descubriéndolos sin justa causa? ¿He hablado mal de los demás con el único fundamento de que “me contaron” o de que “se dice por ahí”? ¿He escuchado conversaciones contra la voluntad de los que las mantenían?

Letanías de la Humildad

(inspiradas en las del cardenal Rafael Merry del Val)

Oh, Dios, que aguantas a los soberbios y das la gracia a los humildes: concédenos la virtud de la auténtica humildad, que se hizo carne en tu Hijo Único, para que no perdamos la luz que tu gracia ha puesto en nuestro corazón, sino que recibamos el don de tu Amor, obedeciendo humildemente a tu voluntad y cumpliendo tu voluntad unidos a Cristo y por la fuerza del Espíritu Santo. Por Cristo nuestro Señor. Amén.

Señor, piedad.
Cristo, piedad.
Señor, piedad.
Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.

Padre del cielo, que eres Dios.
Ten piedad de nosotros
Hijo, Redentor del mundo, que eres Dios.
Santísima Trinidad, único Dios.
Espíritu Santo, que eres Dios.

Del deseo de ser valorado, líbrame, Señor
Del deseo de ser alabado.
Del deseo de ser exaltado.
Del deseo de ser buscado.
Del deseo de ser amado.
Del deseo de ser honrado.
Del deseo de ser preferido a los demás.
Del deseo de ser consultado.
Del deseo de ser aceptado.
De todo odio y de toda envidia.
De todo resentimiento y rencor.
De toda venganza.
De todo prejuicio.
De toda forma de egoísmo.
De toda tendencia a juzgar y condenar.
De la murmuración y de la crítica.
De todo juicio precipitado y de toda calumnia.
Del orgullo y de la ostentación,
De toda susceptibilidad e impaciencia.
De la tendencia a apartarme.
De la sospecha y la desconfianza.
De toda mala disposición.
De toda forma de indiferencia.
De toda prepotencia.
De toda descortesía y sospecha.
De toda sugestión del diablo.
De toda ofuscación de las pasiones.
Del miedo a ser humillado.
Del miedo a ser despreciado.
Del miedo a ser rechazado.
Del miedo a ser calumniado.
Del miedo a ser sospechoso.
Del miedo a ser olvidado.
Del miedo a ser ofendido.
Del miedo a ser injuriado.
Del miedo a ser abandonado.

Que los demás sean amados por el mundo,
dame la gracia de desearlo, Jesús.
Que los demás sean estimados por el mundo más que yo.
Que los demás puedan crecer en la opinión del mundo y que yo pueda disminuir.
Que los demás puedan ser preferidos del mundo y yo sea marginado.
Que los demás puedan ser alabados por el mundo y yo olvidado.
Que los demás puedan ser preferidos por el mundo antes que yo en todas las cosas.
Que los demás puedan ser más santos que yo, para que yo me convierta en lo que tú quieres.

Oh, Jesús, que dijiste: «Aprended de mí, que soy humilde y manso de corazón», haz que mi corazón se parezca al Tuyo.
Jesús, que viniste al mundo para servir a los hombres.
Jesús, que amaste a los pobres.
Jesús, que consolaste a los que sufrían.
Jesús, que sufriste por los pecadores.
Jesús, que hablaste dulcemente a quien te abofeteaba y te traicionaba.
Jesús, que aceptaste la invocación del ladrón.
Jesús, que alabaste al buen Samaritano.
Jesús, que moriste en la cruz.
Jesús, que sigues renovando tu sacrificio de Amor por nosotros.
Jesús, que te haces alimento para sostenernos en nuestro camino.

Santa María, Virgen pequeña y humilde, ruega por nosotros.
Santa María, Virgen llena de gracia y de amor.
San José, protector de los humildes.
San Miguel Arcángel, que fuiste el primero en abatir el orgullo.
Oh Justos todos, santificados en el espíritu de humildad.

Para que amemos de verdad a nuestros hermanos, escúchanos, Señor
Para que seamos un solo corazón y una sola alma.
Para que nuestros sentimientos sean como los de tu corazón.
Para que permanezcamos unidos en el espíritu.
Para que seamos coherentes con nuestros actos.
Para que sepamos comprendernos.
Para que sepamos admitir los errores y perdonarnos unos a otros.
Para que nos convirtamos en siervos dispuestos los unos de los otros.
Para que seamos siempre sinceros y abiertos entre nosotros,
Para que en nuestra casa reine la alegría de la caridad.
Para que en nuestra caridad el mundo vea al Señor.
Para que en el mundo reine la concordia.
Para que la justicia social se realice en el amor.
Para que todos los hombres se amen.

Cordero de Dios, que vives en el Amor del Padre, ten piedad de nosotros.
Cordero de Dios, que has traído a los hombres, escúchanos, Señor.
Cordero de Dios, que te sacrificaste por amor a los hombres, conviértenos, Señor

Evangelio

Lucas 15:11-32

«Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre: “Padre, dame la parte que me toca de la fortuna”. El padre les repartió los bienes. No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, se marchó a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente.

Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad. Fue entonces y se contrató con uno de los ciudadanos de aquel país que lo mandó a sus campos a apacentar cerdos. Deseaba saciarse de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba nada. Recapacitando entonces, se dijo: “Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me levantaré, me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros”.

Se levantó y vino adonde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se le conmovieron las entrañas; y, echando a correr, se le echó al cuello y lo cubrió de besos. Su hijo le dijo: “Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo”. Pero el padre dijo a sus criados: “Sacad enseguida la mejor túnica y vestídsela; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y sacrificadlo; comamos y celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido y lo hemos encontrado”.